¡ENCONTRAR LO QUE NO SE QUIERE…!

El odio es un veneno que se consume para que otro se muera, dice la sabiduría popular, haciendo referencia a esa absurda actitud de lanzarse de cabeza a un remolino de ideas que intoxican los sentimientos y determinan actuaciones que al final resultan lamentables. Algo similar sucede a las personas que dedican tiempo y esfuerzos a buscar indicios respecto de las cosas que hace su pareja y terminan propiciando un tiro en el pie cuando “encuentran” lo que nunca hubieran querido ver. Hay veces que la “comprobación” de sus sospechas no es otra cosa que una correlación ilusoria, error de juicio propio del pensamiento angustiado que hace que se establezca una relación entre dos asuntos totalmente ajenos el uno al otro.

La correlación ilusoria es la trampa mental más común en territorio de los celos, donde caen incluso las mentes más racionales, porque los celos son una circunstancia afectiva muy compleja donde el amor erótico, las condiciones personales y el deseo vehemente de tener la exclusividad de la pareja; en determinado momento se unen en una sola fuerza que quiebra la razón, y desemboca en la sensación de que ya no se tiene la exclusividad de la pareja.  Ya que está interesada en otra persona, provocando conductas de control y vigilancia que llegan a ser extremas en la mayoría de casos.

Las memorias de los dispositivos y la nube, son el sótano oscuro en donde se guardan cosas privadas que son o fueron parte de nuestras vivencias, pudieron ser para culto o fetiche, de interés particular y por alguna razón no se deshace, pero justamente la restricción a lo personal resulta ser muy inquietante para la persona celosa.

La compulsiva necesidad de encontrar la prueba de la infidelidad, empuja a hombres y mujeres a exigir que sus parejas les permitan acceder a sus dispositivos electrónicos a fin de observar archivos y recorrer sus redes o buscan el momento encubierto de franquear las seguridades y hacerlo de la manera más despreciable sea por mano propia o contratando espías tecnológicos.

Casi siempre la persona celosa que entra en los dispositivos de su pareja, se da el tiro en el pie, porque a lo mejor fotos, textos, datos realmente inocentes, por desconocimiento del antecedente o del contexto, los interpretará como la prueba de su sospecha y le llevarán a decisiones inesperadas. Habrá casos, obviamente de evidencia irrefutable, pero que pudieron tener otro desenlace si no hubieran sido por el espionaje reveladas.  

Si se está caminando con inseguridad en la relación. ¿Será más saludable examinar el emparejamiento que se tiene mirando desde la perspectiva de los propios sentimientos y no de los compromisos normativos? ¿Será mejor atreverse a elaborar la prospectiva de permanecer al lado de alguien o dejar entrar a tu vida a otra persona? ¿Se conoce los beneficios materiales y espirituales de estar con alguien?

Pensar que muchas de las asperezas que irritan a una pareja, podrían ser soslayadas y enterradas en el terreno de lo intrascendente, pero por la arrogancia de los celos se asigna el carácter de herida a lo que pudo quedar en rasguño, imposibilitando que se pueda seguir juntos. “…lo que no se nombra casi no existe…” nos dice Isabel Allende; en relación a lo necesario que puede ser en la pareja asumir libremente un silencio empático y por tanto sanador si algo vio o escuchó, pero sí de búsquedas inquisidoras se trata, en vez de recibirnos de detectives neuróticos, por qué no mejor atender a la sabiduría popular que dice “ojos que no ven, corazón que no siente”.   Quizá examinar el balance contable de lo que se da y lo que se recibe sea hacer las paces con el pensamiento.

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