LA FACTURA DEL MACHISMO

Al igual que sucede con las mujeres; los hombres, (muy pocos, por cierto), se dan cuenta que sobre su sexo se ha impuesto un estereotipo de ser, roles sexuales que deben actuar, performance que en algún momento crítico de su vida –por lo general en las crisis amorosas y parejas fallidas– podrían causar disforia respecto de lo que ellos son, han hecho y dejaron de hacer. 

Con omisión de estas dos circunstancias, los hombres muestran conformidad con ese mandato secular de la cultura y la sociedad, sienten el cobijo del poder patriarcal, por lo que, en la vida hallarán motivos para cuestionar lo establecido.

En el amor erótico y sus supuestos decantados: la pareja comprometida y la construcción de la familia propia, es en donde más entonación tienen los discursos del estereotipo masculino en varias dimensiones de su ser. La atracción previa al enamoramiento está condicionada por factores inherentes a la biología y al fenotipo (edad, estatura, complexión física, color de piel) y al estatus socio económico (oriundez, etnicidad, clase social, poder económico) que juegan un papel decisorio en el acercamiento de un hombre a una mujer. Él sopesará su edad y estatura principalmente: salvo pocas excepciones que confirman la regla, debe ser mayor que la mujer y por supuesto más alto, para asegurar por un lado madurez-experiencia y por el otro, la presencia física, rezago evolutivo del macho dominante y defensor de la hembra. 

En lo demás afectarán toda esa serie de características sociológicas que, reunidas en él, den como resultado la imagen de poder visible que el patriarcado propone. Si el hombre no consigue adecuarse a esa expectativa etéreamente normada, debe derogar sus anhelos románticos, diluir sus sentimientos en racionalizaciones y seguir su camino cargando su frustración hasta cuando divise otra mujer. 

Sobrepasado este primer sistema de filtros-trampas, precipitado en el enamoramiento  y lograda la relación de pareja encontrará que escondidos entre los indudables placeres del romance, los supuestos de ser y las  expectativas –propias y las de su público ávido de verlo triunfar en el amor– aguardan al hombre varios enemigos intrínsecos inoculados por el machismo, que a diferencia del desaliento frustrante que cortó de tajo el acercamiento, estos exigen el pago inmediato en montos altos de incertidumbre, angustia, celos, ira, impotencia, miedo y depresiones cuando por encastillarse en el estereotipo el hombre se niega a discutir en nivel de igualdad los asuntos sentimentales que le agobian, no por incapacidad de usar la palabra, sino porque su narcisismo masculino no le permite descender al campo emocional que es el “propio” de las mujeres. 

Para el hombre es mucho más difícil aceptar y expresar sus sentimientos respecto de las razones por las que cela a la mujer, jamás habla de sus ideas acerca del agotamiento del amor, del miedo de perderla y más bien busca las maneras legales o convencionales de atarla a él, como es la maternidad forzada como prueba de amor de ella. Ninguna vez,  él pondrá la cabeza en su regazo le dirá a la mujer cuan asustado está o lo frágil que se siente y pedirá consuelo, no, no lo hará porque su cliché es la fortaleza emocional. 

El hombre astuto intenta extorsionar emocionalmente a la mujer mostrándose destrozado y hábilmente atribuyéndole a ella la responsabilidad de su desgracia o muerte, el más primitivo, compensa con violencia su fragilidad y cuando sobreviene la separación y la judicialización del conflicto, sufre amargamente, pero es incapaz de darse cuenta de sus responsabilidades y atribuye toda causalidad a la manera inentendible de ser de ella. Prefiere incluso verla marchar, perderla o asesinarla antes que dar su brazo a torcer. Es mucho más factible que un hombre exprese sus sentimientos en la relación con los hijos e hijas o con sus padres, pero no con su pareja erótica, porque ella es el objeto de dominio.  

Hay facturas también relativas a los roles de hombre, son inquietantes e incómodas, pero más llevaderas. Si no está la madresposamante que le sirva y cuide, el hombre tomará algunas alternativas con más o menos molestia. 

Desigualdad y discrimen, violencia y dolor, es lo que producen los estereotipos y roles sexuales asignados para hombres y mujeres, a ellos, los dominantes, racionales, fuertes les llegará el tiempo de pagar con angustia las facturas de este hipertrófico carácter de macho que terminó perdiendo. 

Nosotras, las que compartimos los días con ellos ¿podremos sin quitarnos nada adelantar el futuro? ¿podremos hacer posible que, en vez de pagar la factura, los hombres lleguen a motivar fractura en el machismo?

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